Los vientos de Santa Ana.
Ella fue alguien a quien quise mucho. Aún sigue adentro, como una estampa que no se borra. Con ella aprendí a soltar incluso aquello que más me importaba. Me enseñó a valorar lo que es, no lo que debería ser. A entender la importancia del “estar porque sí” y lo absurdo de las etiquetas. Aprendí a apreciar el “voy contigo” cuando nadie más me seguía. A escuchar, en su silencio, toda la paz del universo. Crecimos juntos —olvidé decirlo— y quizás ese fue el problema… (continuará) -Didier @didiermxl